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Bendita crisis

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Dentro de todos nosotros había dejado de resonar el eco de algunos términos, en algunos casos, hasta se habían borrado sus significados de nuestra mente, durante tiempos en que la derrota de la selección nacional en los deportes del esférico era lo más decepcionante que llegaba a nuestros oídos. Eran tiempos de estabilidad económica, aparente estabilidad socio-política; el tufo de la crisis que ahora nos ahoga no era perceptible para el olfato de nuestros dirigentes, y oír hablar de capitalismo, desigualdad, dictadura de los mercados, sostenibilidad, estado del bienestar era cosa de unos cuantos chalados que reivindicaban reliquias que habían sido conseguidas hace ya mucho tiempo. La mano de la bonanza había corrido una cortina ante los ojos de todos nosotros, sobre todo los más jóvenes, que vivíamos en los algodones de un sistema basado en la globalización y el libre mercado, en nuestro país, apuntalado con los palillos del sector de la construcción. A nadie le preocupaba si el pdi, partido de la izquierda, o el pdd, partido de la derecha, hacían bien su trabajo, si el corrupto limaba de las cuentas públicas tantos millones de euros, a la abuela le congelaban la pensión, privatizaban ese hospital y aquella escuela, o los mercados se iban haciendo poco a poco con las riendas de la democracia en muchos países. Todo era un sueño, tanto se había conseguido a lo largo de generaciones…

En el año 2008, una crisis económica mundial empieza a sonar en todos los medios de comunicación: «créditos ficticios», «inflación», «crisis hipotecaria», «Lehman Brothers», «burbuja inmobiliaria», empiezan a instalarse en nuestras cabezas como el «buenos días» o «buenas noches». Muchas cosas tampoco las llegamos a comprender, pero empezamos a salir de nuestro letargo e interesarnos por los oscuros entresijos de este sistema económico que nos envuelve. Los años pasan sin que la situación mejore, las consecuencias recaen ya directamente sobre el pueblo, de entre el cual surgen algunos grupos agarrados a la realidad, indignados ante la situación, que preparan su voz para cuestionar cómo se consiguió lo que ahora se desvanece, a base de ajustes, mejor dicho, recortes ineficaces y antisociales. Otros simplemente hacen lo que, por inercia, una sociedad acomodada les ha enseñado: “No te preocupes, acomódate en tu sofá, ya hiciste todo lo que podías por la democracia, el voto es más que suficiente”. Los políticos tratan de defenderse con viejas artimañas, recurriendo a tiempos pasados, aludiendo a la herencia del otro, enzarzándose en discusiones con su adversario, quien debiera ser un aliado dispuesto a colaborar.

Las plazas han tomado, con palabras afiladas por sus armas, los más valientes defensores de la democracia, y piden con un grito indignado que nadie se resigne, que luchen todos por su presente y futuro. ¿Existe algo más reconfortante para una democracia? ¿De qué podrían estar más orgullosos sus acomodados defensores? Ahora todos saben que un conjunto de garantías sociales conforman el estado de bienestar, son para todo el mundo, porque hasta el más recompensado económicamente podría llegar un día a depender de ellas, las pagamos entre todos, incluso haciendo más esfuerzo los menos enriquecidos. Son, entre otras, la educación y la salud, para siempre, ojalá, universales y gratuitas; ¿quién no ha oído hablar ahora de desarrollo sostenible? Sí, ese que se compromete con el futuro, partiendo del hecho más evidente: el mundo cuenta con recursos limitados; ¿quién no ha visto caer a quien un día eligió un pueblo? Ahí tienes a Papandreou y Berlusconi derrocados por la dictadura de los mercados, esos imprevisibles lodos donde nadie osa intervenir, y sustituidos por gobiernos de tecnócratas, como si un conjunto de números fuera cada persona; ¿quién no se indigna cuando oye que las cuentas de una organización sin áni-mo de lucro tienen un agujero de un millón de euros? Efectiva-mente, «no hay pan para tanto chorizo»; y podría seguir con esta lista de elementos que la gente, por fin, va añadiendo a su conciencia, aunque de nada valga si permanecen pasivos.

Por todo eso, lo digo bien alto, ¡Gracias a la crisis!¡Gracias a este aviso!; que nos saca de una pesadilla, la de estar en un sueño, para entrar a formar parte de la realidad, una que a veces duele y nos trata sin piedad, pero que nos dice las cosas de frente, con claridad. Que ya nadie se quede ensimismado en los infinitos placeres del capital, tampoco es un sacrificio como el de portar una cruz descalzo, pero, desde luego, mucho más efectivo. Unámonos todos para cambiar las injusticias que nos rodean, ya seas el antiguo votante del pdi o del pdd, o el de más allá, tu participación activa en el sistema es necesaria, la sinergia del pueblo es su mejor aliada. Tómate la molestia de informarte sobre las propuestas de los distintos partidos, manifiéstate sin dudarlo cuando lo creas necesario, actúa en la red o en las calles, pero actúa.

Artículo escrito por: Miguel Villanueva

Rebelión en la Granja

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A lo largo de mi vida me he encontrado con mucha gente que renegaba del valor de la lectura, o de la necesidad de estudiar filosofía, historia o literatura en bachilleratos técnicos. Y es precisamente en estos momentos de crisis y de revolución social cuando más se notan las carencias en estas materias de gran parte de la sociedad.
Leer la prensa habitualmente es algo útil. Pero en estos tiempos de manipulación mediática por parte de unos medios, que en su mayor parte pertenecen a los lobbys económicos, los clásicos, escritos fuera de todo contexto actual, nos pueden permitir tener una visión mas objetiva de lo que nos acontece.
Hace poco releí un libro que para muchos será conocido: Rebelión en la granja.En el se narra cómo unos animales se alzan contra el ser humano opresor y la posterior degradación del ideal a costa de una clase selecta que se acaba aprovechando del resto. George Orwell escribió este libro hace alrededor de 70 años y aunque es una crítica mordaz de los regímenes totalitarios, y más en concreto del Stalinismo, su actualidad en muchos aspectos es abrumadora.
En el libro, tras derrocar al hombre, se establece un régimen democrático y se marcan una series de directrices como el reparto de comida o la edad de retiro; al igual que una serie de preceptos bajo los cuales se han de guiar, que quedan reflejados en siete mandamientos (como una constitución). Pero poco a poco, la clase dirigente, representada por los cerdos, cuyos mandatarios serán Napoleón y Snowball, de visiones completamente opuestas, se va asignando privilegios. Por ejemplo:
“… las manzanas caídas de los árboles serían llevadas al guardarnés para el consumo de los cerdos. … algunos animales comenzaron a murmurar, pero en vano. Todos los cerdos estaban de acuerdo en este punto, hasta Snowball y Napoleón.”
Es realmente curiosa la similitud con la facilidad que tienen PP y PSOE para ponerse de acuerdo a la hora de subirse el sueldo o aumentar los privilegios de la clase política, aunque no lo estén en el resto de asuntos. Y para defender esta postura no usan argumentos muy distintos a los que se utilizan actualmente, el miedo. Miedo a que vuelva el hombre “si no lo hacéis así Jones volverá”, o actualmente “si no hacéis todo lo que decimos nos arruinaremos todos”. Pero todo esto no se consigue sin la ayuda de tres fuerzas fundamentales: un brazo opresor, representado por perros de presa (fuerzas de seguridad del estado); el manipulador mediático, representado por un cerdo perteneciente a la clase privilegiada, Squealer (mucha de la prensa de este país) y las ovejas, que representan a la masa estúpida que corea sin saber el qué, dando la poca legitimidad que necesita al dictador (cualquiera de los que estaban dando votes hace unos días en Génova o hace cuatro años en Ferraz). Pero también están representadas otras muchas facciones de la sociedad como la iglesia, los intelectuales y el proletariado, representado por un caballo, Boxer, que acaba convirtiendo en sus dos lemas “Napoleón siempre tiene razón”, muestra de lo peligroso que es no tener pensamiento propio, y “trabajaré más fuerte”. Y sirviéndose de todo esto los cerdos van otorgándose más privilegios:
“Los cerdos en verdad no trabajaban, pero dirigían y supervisaban a los demás, a causa de sus conocimientos superiores era normal que ellos asumieran el mando.”
Y, aprovechándose del deseado analfabetismo­­­ del resto (no seré yo el que diga que recortar dinero en educación es un intento por crear una masa estúpida fácilmente adoctrinable y no un mal necesario consecuencia de la crisis), varían sus mandamientos a su antojo para beneficiarse. Es curioso cómo en el libro se habla de crear una nueva escuela para los hijos de los cerdos, olvidándose de los del resto de la granja. Los que han nacido para tirar del arado, que se dediquen a tirar del arado.
También para afianzarse en el poder usan dos métodos bastante actuales, el echar la culpa de todo a un enemigo, creado mediante la manipulación (tampoco seré yo el que diga que en este país se ha utilizado la inmigración como la causa de todos nuestros problemas) y la creación de rencillas internas que impidan la unión contra el verdadero enemigo y causa de sus males, la clase dirigente.
Por no hablar de la manipulación histórica, en la que varían lo hechos a su antojo valiéndose del desconocimiento del resto.
“No era que estos animales no trabajaran a su manera. Existía, como Squealer nunca se cansaba de explicarles, un sinfín de labores en la supervisión y organización de la granja. Gran parte de este trabajo tenía características tales que los demás animales eran demasiado ignorantes para comprenderlo.”
¿Acaso no ocurre lo mismo actualmente? ¿No se escudan en el desconocimiento general de cómo funciona el sistema financiero mundial: primas de riesgo, deuda pública, agencias de rating… para decirnos que al final los de siempre van a tener que trabajar más y tener menos? Rajoy en el balcón de Génova dijo “esfuerzo compartido y equitativamente repartido” y, similar a como lo hace Napoleón en el libro, arengó a un espíritu patriótico para trabajar más y no quejarnos con lo que nos viene. No se equivoca, no hay más que conocer un poco de historia para saber de la entrega y sacrificio de los españoles, y también de su estupidez para hacerlo siempre en beneficio de una clase dirigente inepta. Esto era así con los Austrias, lo fue con los Borbones y lo sigue siendo con la partitocracia PPSOE.
Ya se oye a los mercados, de voz de sus mas fieles servidores como S&P, exigiéndole medidas sorprendentes. Dudo que una de ellas sea la tasa a las transacciones financieras, porque en este mundo globalizado que nos han vendido ningún país tiene cojones agallas de ponerlas por su cuenta.
Pero bueno, al igual que ocurre en el libro, veremos como gradualmente reducirán nuestro estado del bienestar y cada vez trabajaremos más para que unos pocos sigan viviendo igual de bien. Y, al igual que ocurre con el pobre Boxer, veremos como después de una vida de entrega y trabajo al final lo único que nos quede será una carreta hasta el matadero. Y todo por un supuesto bien común y la defensa de un ideal mancillado.
Pero no solo existe Rebelión en la Granja, hay otros muchos libros y autores. En el contexto actual me gustaría destacar Ensayo sobre la lucidez de Saramago (en el que la mayoría de una ciudad vota en blanco). Lo leí hace ya varios años por primera vez y me pareció que era exagerada la burla que hacía de los políticos en sus intervenciones dotándoles de un lenguaje rimbombante y vacuo. Pero cuando surgió el 15M me pareció que había reflejado la clase política muy fielmente. Era vomitivo ver cómo se les llenaba la boca de la palabra democracia y de “confianza en la responsabilidad democrática del pueblo español”. Como si los primeros acampados en Sol no fueran lo más demócrata que haya visto este país en mucho tiempo. Al igual que Rebelión en la Granja podéis ver como procede el estado de “derecho” en cuanto se ve amenazado.
Lo que he intentado con este artículo es animaros a leer, pensar y sacar vuestras propias conclusiones sobre las circunstancias que nos acontecen. Porque cuanto menos ignorantes seamos, más difícil les será controlarnos y manipularnos.
“La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.”
Albert Camus

Artículo escrito por: Rodrigo Núñez

Lo que ha pasado

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Lunes 21 de noviembre. Amanecemos con la noticia que todos esperábamos: Mariano Rajoy y el Partido Popular han logrado una aplastante mayoría con 187 escaños, lo que le da manos libres para gobernar por su cuenta durante los cuatro supuestos años que durará la legislatura. Por otro lado, el Partido Socialista ha tocado fondo tras perder más de cuatro millones de votos y alcanzar a duras penas los 110 escaños. Sin lugar a dudas, el otrora partido en el gobierno se ha sumido en una crisis sin precedentes que necesitará de medidas urgentes para renovar su liderazgo y poder ejercer una oposición digna.


Sin embargo, las sorpresas en estas elecciones han venido de la mano de los minoritarios. El increíble ascenso de Izquierda Unida y de Unión, Progreso y Democracia ha conseguido que sendos partidos multipliquen su representación en el Congreso, llegando a 11 y 5 diputados respectivamente, desde los 2 y 1 que tenían en 2008. También es destacable el gran ascenso de CiU que sube 6 hasta colocarse en los 16 diputados, y Amaiur, la coalición abertzale que entra como nueva formación con 7 escaños.

Lo que está realmente claro es el reflejo que hay en estos resultados del malestar general del pueblo español con la clase política actual. Si sumamos la abstención más los votos blancos y los nulos, nos sale un resultado casi idéntico a los más de 10 millones de votos que ha recibido el PP. ¿Cómo puede ser que siendo esto así, tengan el 55% de los diputados? Otro dato: la suma PP+PSOE ha bajado 10 puntos en estos comicios, lo cual indica la clara tendencia a la baja del famoso bipartidismo que impide de momento la aparición de una tercera fuerza política que suprima la alternancia en el poder. ¿Y el Senado? Esa cámara carente de funciones y que cada vez más y más españoles dudamos de si su existencia sirve para algo o simplemente se trata de un albergue de jubilados políticos. Pues bien, los datos son, cuando menos, llamativos: aproximadamente 1.250.000 españoles votaron en blanco para esta cámara y 900.000 introdujeron una papeleta considerada nula. En total un 9% de los votantes dio la espalda al Senado y optó por esta señal de protesta contra la Cámara Alta. ¿No debería reconsiderarse la apuesta por un poder legislativo bicameral? No abogo por la supresión del Senado, sino por dotarle verdaderamente de las funciones que le corresponderían como cámara de representación territorial, anulando, de paso, las circunscripciones provinciales para el Congreso pasando a una única circunscripción nacional, para alegría de Rosa Díez.
Con esta información en la mano, la pregunta es: “¿Qué nos depara esta nueva legislatura?” Tradicionalmente, la acumulación de poder es mala, tanto para unos como para otros. Y ahora mismo estamos viviendo un momento en el que la derecha tiene el gobierno de 11 (próximamente serán 12) de las 17 comunidades autónomas, la inmensa mayoría de los ayuntamientos, y el poder absoluto en el Congreso y el Senado. Al otro lado, nos encontramos una oposición totalmente atomizada, con un gran número de partidos políticos distintos. El PSOE debería llevar las riendas de esta oposición, pero Rubalcaba está en cuestión y no hay un líder claro. IU y UPyD son las otras dos fuerzas nacionales con más poder: intentarán hacer lo posible, pero con 16 escaños no se puede hacer mucho, aunque esperemos que hagan fuerza para lograr el cambio en la famosa Ley Electoral. Y por último, los partidos nacionalistas, con CiU y Amaiur a la cabeza, se van a centrar en temas independentistas y de autogobierno, para variar. ¿Qué nos queda? Que el PP haga y deshaga a su antojo, como ya hizo en la le-gislatura 2000-2004. María Teresa de Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha y mano derecha de Rajoy, dijo hace pocos días que en su partido estaban preparados para la oleada de protestas y huelgas que desencadenarán las duras decisiones que tendrán que tomar cuando lleguen al gobierno. ¿Servirán para atajar la crisis? ¿Se pondrá freno al desempleo y a la famosa prima de riesgo? ¿O a los mercados les dará igual el giro a la derecha que hemos “decidido” los españoles y seguirán devorando nuestra frágil economía? Sinceramente, creo que la respuesta no la tiene Rajoy, sino Merkel y compañía… Y también soy de la opinión de que al nuevo presidente se le conocerá como “Marianico, el corto”… con la que está cayendo, no le doy más de dos años en el poder.

Artículo escrito por: Diego Blanco

Elecciones – 20N

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29 de julio de 2011, quedaban aún 8 meses para que se ce-lebraran elecciones que determinarían el nuevo gobierno de España, cuando el Presidente del Gobierno en ese momento, Jose Luis Rodriguez Zapatero, anunció elecciones anticipadas. Por séptima vez en la historia de España desde la transición, se convocaban de nuevo. Según Zapatero, era necesario para asegurar la certidumbre económica del país. Entonces se conocería, si el PSOE sería castigado tras la última legislatura, si Rajoy conseguiría la presidencia con el PP en su tercer intento, si IU o UPyD se alzarían como alternativas al gobierno, o cuanto poder obtendría la izquierda abertzale en las elecciones ge-nerales tras los resultados de Bildu en las municipales.
Los sondeos han volado de un lado para otro en todos los medios de comunicación, dando siempre en la mayoría de los casos la victoria al PP que se veía como claro ganador de las elecciones.
La campaña de los dos principales partidos era muy dife-rente, el PP confiado y el PSOE intentando remontar lo que los sondeos, las encuestas e incluso el debate televisivo vaticinaban. Ya en televisión, Rubalcaba dio más imagen de líder de la oposición que de candidato a la presidencia.
Y el 20N, tras la huelga de transportes en 2008, la crisis de los controladores aéreos de 2010, la huelga general tras la reforma laboral de ese mismo año, el movimiento 15M de 2011, el cese de la violencia de ETA… los españoles han votado.
Todos estos acontecimientos se han visto reflejados en los resultados que han dado la victoria al Partido Popular, la mayor de su historia. Rajoy ha superado los 183 escaños que Aznar consiguió en el 2000, con 186. Además de su clara victoria, pese a no aumentar demasiado con respecto a las elecciones ante-riores el número de votos, la diferencia con el PSOE es abismal.
El PSOE se ha hundido, ha perdido 4 millones de votantes, y ha conseguido el peor resultado de su historia, lo que entrega prácticamente al Partido Popular todo el poder y manos libres para llevar a cabo las medidas y los recortes, que por otra parte, no ha concretado ni en la campaña ni en su programa.
Pero más allá del PP y del PSOE, IU ha conseguido de nuevo su grupo parlamentario propio con 11 escaños, volviendo a tener presencia en el congreso. UPyD también ha conseguido grandes resultados pese a no conseguir grupo propio con 5 escaños, al no tener el 5% de votos necesario. Estos resultados dan una visión de que la situación bipartidista está cambiando. De hecho el congreso pasa a estar más fragmentado, presentando 3 formaciones más.
En el País Vasco los resultados seguro que darán lugar a cambios políticos. Los socialistas que gobiernan con el apoyo de populares, no se han visto beneficiados por el final de ETA, más bien lo contrario. El PP aquí no se suma al cambio de toda España, y AMAIUR consigue mayor número de escaños, 7, y será la primera fuerza nacionalista frente al PNV. Esta mayoría nacionalista podría llevarle al poder en las autonómicas de 2013.
Ahora queda ver como lidia con los problemas de la nación el nuevo Presidente del Gobierno y su equipo, que ya se verá quien lo forma, aunque suenan Saenz de Santamaría, Gallardón, Cospedal, González Pons, Trillo…
¿Dónde hará finalmente los recortes?, ¿solucionarán definitivamente los problemas del paro?, ¿cómo lidiaran con el tema nacionalista vasco?… Aún es pronto para ver si finalmente harán éstas y otras muchas cosas, de si lo harán bien o mal, sólo queda decir que la situación ha cambiado radicalmente este 20 de noviembre.

Artículo escrito por: Jorge Espada

Primavera Árabe

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Al igual que se dice que el aleteo de una mariposa en Japón puede ocasionar un huracán en el caribe, la muerte de un joven tunecino a principios de año tras inmolarse, ocasionó una serie de revueltas en el mundo árabe cuyo último exponente se puede considerar la ocupación de Wall Street en el parque Zucotti.
Famosa es ya la plaza egipcia de Tahir, a rebosar de egipcios que lograron derrocar al gobierno de Mubarak y que, actualmente, tratan de no estar sometidos a una junta militar. También lo son las continuas violaciones de los derechos humanos de Siria tras las revueltas o la guerra civil desatada en Libia, en la que terminó interviniendo la OTAN. Y aunque me gustaría hablar más de la plaza de Tahir y sus posibles consecuencias en el mundo prefiero tratar un tema que ha pasado desapercibido.
Creo que fui de los pocos que se consternó al ver los videos de las vejaciones a Gadafi y su posterior asesinato, empañando un día que debería ser recordado por el cese de la actividad armada de la banda terrorista ETA. Y es que no nos olvidemos que la OTAN ayudó activamente a que los rebeldes ganaran la guerra civil, y que lo que se hizo con Gadafi fue un asesinato fuera de todo sistema de derecho. Como dice un ex residente “occidente se cree con el poder moral para decidir lo que está bien y lo que está mal, quien debe vivir y quien no”. Poco pareció importarle esto a estas personas que antes eran tan amigas:


Será que en aquel entonces no era un dictador opresor y no tendrá nada que ver las mejores opciones de negocio del petróleo y el gas con los rebeldes. Pero de que extrañarnos, si pocos meses antes Bin Laden había sido ejecutado sin juicio y su cadáver lanzado al mar sin que nadie dijera nada. Y con esto no quiero defender a ninguno de los dos, pero que los países elijan cuando se aplican las leyes de un sistema de derecho y cuando no, no me resulta para nada reconfortante.
Volviendo al inicio del artículo, es esperanzador ver que la gente unida aún tiene poder como para derrocar a los gobiernos. Esperemos que lo conseguido no desemboque en gobiernos islamistas radicales como está empezando a parecer. De todas formas, es curioso como mientras en el mundo árabe a los gobiernos los derroca el pueblo, en Europa lo hacen los mercados.

Artículo escrito por: Rodrigo Núñez

Sin ánimo de ofender

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“Quien de joven no es de izquierdas no tiene corazón, pero quien de mayor sigue siéndolo no tiene cabeza”
(Refrán castellano)
Empezando la ESO, todavía más ignorante de estos embro-­llos, también yo me sentí por un tiempo atraído por la izquierda. Los valores de la izquierda parecen, desde una visión laica, los mismos que propugna el cristianismo: justicia, libertad y dignidad para todos. A primera vista la izquierda se presenta democrática, neutral y pacifista, partidaria de todas las causas nobles.
Cualquier persona con un mínimo de integridad siente que debe proteger estos principios. Sin embargo, si atraviesas el telón de la constante propaganda que lleva desplegando durante años, descubres a una izquierda que ha estado publi-citando y adueñándose de unos valores que pretende defender, de curiosa manera.
Seamos francos, la izquierda se cree con una superioridad moral e intelectual, engendrada en sus buenas intenciones, que le permite decidir lo que es mejor para los demás; autorizándose para hacer sus proyectos realidad, sin plantear si realmente responde a la voluntad de los afectados. No se pregunta si los beneficiarios de sus buenas intenciones realmente quieren ser salvados”.

Se cree con derecho a pasar por encima de la libertad del individuo, que no comparte sus fines ni procedimientos, con la justificación de un bien mayor para todos, principio de todo tota-litarismo. La izquierda se cree poseedora de la verdad, menosprecia, ridiculiza y trata de desacreditar a quienes se oponen a su proyecto de ingeniería social.

La izquierda siempre ha pretendido controlar la vida de los demás; los estados socialistas desde el poder quitan el dinero a los individuos porque creen que saben darle un mejor uso, les privan de la educación de sus hijos para adoctrinarlos en el sistema y tratan de res-tringir las libertades individuales para que no les molesten en su misión social. Estos caballeros están convencidos de que sa-ben mejor que noso-tros cómo debemos gastar nuestro dinero, cómo debemos educar a nuestros futuros hijos e incluso cómo debemos emplear nuestro tiempo libre.

Históricamente el socialismo ha fracasado una y otra vez. Las revueltas ciudadanas contra las tiranías han acabado en dictaduras y totalitarismos, desde Lenin hasta Castro, pasando por la URSS, China, Corea, Nicaragua… En todos estos países la revolución creó un sistema en el cual mientras los dirigentes y simpatizantes disfrutaban de lo mejor, el pueblo pasaba hambre, eso sí, atiborrado a todas horas de una propaganda estúpida que le convence de que sus miserias no se deben a las pésimas consecuencias del socialismo si no a la acción del impe-rialismo.
Las luchas de clases sólo han conducido a dictaduras contra el proletariado (y el resto de la población: campesinos, inte-lectuales, clases medias, clero y por supuesto la burguesía). Así, según la gente humilde padecía más hambre, opresión y falta de libertad, los “revolucionarios” llevaban una vida que hubieran envidiado muchos burgueses.
Dejando a un lado sus fantasmas, vayamos con otra de sus banderas. La izquierda ha captado a muchos fieles predicando la justicia. Por definición la justicia debe dar a cada uno lo suyo, y debe comportarse con todos los seres humanos de manera igual e imparcial. Sin embargo, la izquierda siempre ha creído en una justicia que trata a los seres humanos de manera desigual, apelando a artificios como la justicia de clases o la discriminación positiva.
Su esquema simplista funciona porque irresponsablemente reduce todo a buenos contra malos. Como si de un cuento de niños se tratara, resume complicados escenarios a una heroica batalla del bien (ellos) contra los malos de siempre, ignorando el entorno del resto de la obra. El punto de vista de la izquierda es simple y comfortable, porque uno no asume su responsabilidad individual, la culpa de todo lo malo es del sistema. Y si ese argumento no vale, siempre queda atacar con tópicos como la vieja fórmula fascismo contra democracia (por cierto, tanto el fascismo italiano como el alemán se consideraban de inspiración socialista).
Aunque no son sus continuos atentados a la libertad y a la justicia lo que más me repele. Paradójicamente el motivo que me puede hacer ver con buenos ojos a la izquierda es por otra parte el primero y que con más fuerza me aleja de ella. La izquierda se presenta a sí misma como la opción política más tolerante con la libertad religiosa, pero tiene una forma curiosa de demostrarlo.
Protagoniza ataques “revolucionarios” en masa contra gente pacífica que no va a responder, remitiéndonos a este año, por ejemplo en marzo irrumpieron desnudas en la capilla de la Universidad Complutense de Madrid tolerantes demócratas feministas, molestas por los roles que juega la mujer en la Iglesia Católica. Les molestará mucho que miles de monjas y seglares católicas, como Teresa de Calcuta, se dediquen a intentar hacer del mundo un sitio mejor. Existe en Europa, y especialmente en España un anticlericalismo de izquierdas que pretende borrar nuestras raíces cristianas, sin caer en cuenta de que fue el humanismo cristiano el que sentó las bases de occidente.
Ofender a los cristianos es gratuito y aplaudido por las ramas de izquierdas; a pesar de que no se cuelga a los gays, se rebana el clítoris a las mujeres ni se las apedrea por adúlteras. Al revés, es más noble defender las protestas islamistas, en contra de la libertad de expresión que tantos siglos ha costado conseguir a occidente, por unas caricaturas a Mahoma.
Mientras ocurrían por desgracia los hechos anteriores en Madrid, sus correligionarios de Barcelona, seguramente estaban tan ocupados hostigando a los jóvenes que acuden a misa en la universidad de esta ciudad que no pudieron protestar contra el machismo, la homofobia y la misoginia del Islam.
Al fin y al cabo es cuestión de prioridades, para ellos era más importante salvar a los toros de la monumental para que pudieran ir a los correbous. ¿Cómo no iban a preferir los pobres toros salvarse de la tortura nacional a ser atados con una soga mientras les prenden antorchas en los cuernos?
Todas estas contrariedades en su doctrina nacen de lo que más me duele de la izquierda española, su profundo anti-españolismo: están con cualquier cosa que pueda hundir a España, desde ETA, el terrorismo islámico, hasta la inmigración musulmana o el descuartizamiento del país en pseudo-naciones.

Artículo escrito por: Santiago Díez

El Movimiento 15M: la voz del ciudadano

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El día 15 de mayo de 2011, la plataforma ciudadana ¡Democracia Real, Ya! convoca una manifestación a nivel estatal por un cambio global, un cambio que se debería orientar a lo que se ha venido llamando Democracia 2.0: una democracia verdadera, en la que el ciudadano participa de forma activa. Ni las autoridades ni los medios dieron importancia a la convocataria hasta que ese día en el que, gracias a las redes sociales (twitter principalmente), 15.000 personas salieron a la calle en todo el país. Este fue el comienzo de la #spanishrevolution. Los ciudadanos se levantaron en este momento de inestabilidad política, social y especialmente económica sin adscribirse a partidos ni sindicatos, tan solo como lo que eran: ciudadanos indignados que consideraban que cada vez estaban perdiendo más derechos y que nuestro sistema se parecía cada día más a una dictadura.
Desde aquí, surge de forma independiente el Movimiento 15M que empezó fuerte con el fenómeno de la acampada (#tomalacalle y #tomalaplaza). Cerca de 30.000 personas llegaron a instalarse indefinidamente en la Puerta del Sol en Madrid (#acampadasol), apoyados rápidamente en plazas de casi toda España. Bajo los gritos: “Que no nos representan”, “Lo llaman democracia y no lo es” o “No somos mercancía de políticos ni banqueros”, los indignados lanzaban propuestas para cambiar la ley electoral, acabar con el paro y mandar a la cárcel a los corruptos y especuladores. Cada día se unía más gente y las autoridades cada día los odiaban más. Twitter sería el gran trampolín que permitiría al movimiento extenderse a todo el mundo.

La organización de las acampadas era sencilla: cualquier ciudadano podía unirse a una comisión (de comunicación, de ética, de consenso de mínimos, legal, de infraestructuras, de cocina…) que permitían el buen funcionamiento del grupo y la difusión de sus ideas; después, se organizaban asambleas en las que se discutían las propuestas que cualquier persona aportaba y de ahí, a Sol, el núcleo central del movimiento y desde donde al final se emitían las propuestas cada vez más definidas y que ya entraban en nacionalización de la banca o defensa absoluta de los sistemas de salud y educación públicos. Permanecieron cuatro semanas en las plazas, donde aguantaron desalojos violentos, críticas e incluso la ilegalización desde el tribunal electoral. Los políticos se limitaron a ignorarles en la medida de lo que pudieron y a llamarles “perroflautas” y mientras, el Washington Post lo sacaba en portada tratándolo de una auténtica revolución. Algo tuvieron que hacer, porque en las elecciones autonómicas y municipales del domingo 22 de mayo los niveles de votos en blanco y votos nulos alcanzaron una cifra histórica que los posicionaron como la cuarta fuerza más votada y todos los países del mundo comenzaban a tener sus propios indignados que seguían el modelo español. Serían apoyados además, por Anonymous, y Wikileaks: las peores pesadillas de los grandes gobernantes.
Tras el abandono de las plazas pudo parecer que no estaban tan vivos, pero no era así. Asambleas más pequeñas se sucedieron durante todo el verano en las diferentes ciudades y a cada recorte económico o social, los indignados daban una respuesta. Se fueron caminando hasta el Congreso de los Diputados desde toda España recogiendo las quejas de todos los pueblos del camino (#marchapopularindignada), tomaron la playa, tomaron la montaña, fueron caminando hasta el Parlamento Europeo en Bruselas y organizaron toda una red para evitar los desahucios a las personas que no podían pagar la hipoteca (#stopdesahucios).
Con el comienzo del curso, viene el comienzo de una nueva campaña electoral y el 15M y ¡Democracia Real, Ya! ha prometido que la revolución no ha terminado. Ya ha habido movilizaciones muy multitudinarias (el pasado 15 de octubre hubo manifestaciones en todo el mundo) y seguirá habiéndolas hasta el próximo 20 de noviembre en que se celebran los comicios. Quieren la verdadera soberanía del pueblo y la quieren ya. Lo tienen claro, ni Rubalcaba ni Rajoy (#nolesvotes).

Ahora más que nunca la expansión mundial es evidente (recordemos que el 17 de septiembre Wall Street fue tomada (#occupywallstreet)) La propuesta es global: todos los ciudadanos del mundo parecen querer que nuestro sistema cambie porque, para ellos, la crisis deja claro que lo que había hasta ahora, no funciona bien para el pueblo llano que demanda que le devuelvan su soberanía.
¿A dónde llegará esto? ¿Qué influencia tendrá en el 20N? ¿Qué influencia tendrá en el resto del planeta? ¿Habrá finalmente un cambio social? No podemos predecirlo. Lo que si sabemos, es que para bien o para mal, todos hemos hablado de ellos alguna vez, que hasta donde estamos, han sido importantes: han cambiado a la gente y en unos años, el 15M aparecerá en los libros de historia.

Realidades económicas

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La economía es una ciencia social, y como tal, está sujeta a continuos y profundos cambios. Nos encontramos actualmente en una situación de crisis, que dio comienzo en el año 2007 con el deterioro del sistema financiero estadounidense, debido en su mayoría, a la excesiva asunción de riesgos por parte de la gran banca de inversión americana. Se comercializaban dife-rentes derivados, luego llamados “productos tóxicos”, que no eran ni más ni menos que paquetes de hipotecas que se habían otorgado a personas con claro riesgo de ser insolventes en un futuro cercano. Así sucedió, y tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU, muchos bancos vieron cómo sus activos (en su mayoría hipotecas subprime) se depreciaron o incluso perdieron todo su valor. La Reserva Federal (FED) y el Tesoro Estadounidense, tuvieron que inyectar enormes cantidades de dinero a entidades financieras (bancos y aseguradoras sobre todo) para que no quebraran y sanearan sus balances.
Resumiendo, EEUU había vivido en los últimos tiempos un periodo en el que los tipos de interés bajos incitaban a las familias a pedir créditos y endeudarse, sin saber, muchos de ellos sí podían hacer frente en un futuro a esas deudas. Por otra parte, los bancos se encargaban de dar préstamos sin tener la más mínima precaución de si sus clientes eran verdaderamente solventes.

Una cosa similar sucedió en España, con la salvedad, de que el dinero que nos prestaban los bancos, en su mayoría era de ahorradores franceses, alemanes, o incluso chinos. En una época expansiva (de crecimiento) se podían hacer frente a las deudas que habíamos contraído con nuestros “amigos ahorra-dores” extranjeros. El problema llegó cuando la economía mundial en general se paralizó, y la española en particular se derrumbó. La gente fue perdiendo el empleo, dejó de pagar sus préstamos, y los bancos se encontraban con una serie de activos deteriorados. El dinero que tenían que pagar a sus acreedores (los que nos dejaron el dinero) era el mismo, pero los recursos de los deudores (bancos y AAPP sobre todo) habían descendido, ya que los activos inmobiliarios se habían depreciado, y la recaudación impositiva había menguado.
En definitiva, y con palabras más terrenales, los “españolitos de a pie” nos hemos dedicado durante 10-12 años a pedir dinero prestado a ahorradores extranjeros, y nos lo hemos gastado en casas, carreteras, coches y “cheques bebé”, que no generan ninguna actividad productiva, ni aumentan la competitividad y el valor añadido de nuestros bienes y servicios (Made in Spain). Como consecuencia, no sabemos si podremos pagar nuestras deudas, y de ahí el sometimiento actual de nuestros dirigentes a dictámenes de personajes extranjeros (Merkel y Sarkozy), que aunque tienen su parte de culpa, disponen de economías más fuertes que la nuestra, y son a los que tenemos que pagar nuestras deudas.

Artículo escrito por: David San Bruno

Tú sí que vales

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Desde que somos bien pequeños nos han inculcado una y otra vez que todos somos iguales, que tenemos los mismos derechos y obligaciones. Por lo tanto, sería lógico pensar que esta máxima debería aplicarse en todos los ámbitos de la vida y sobre todo en algo tan básico en nuestra sociedad como es la democracia. Pero, ¿es esto totalmente cierto?
La respuesta es una rotunda negación. A la hora de la verdad las palabras bonitas y los ideales máximos de igualdad no se ven reflejados en nuestro día a día, y evidentemente, nuestra democracia no es algo que se salve de esa terrible hipocresía que impregna todos los apartados de nuestra sociedad.
Pero pensareis, “si yo voto, si yo elijo… ¿cómo puede ser ese método injusto?” La cuestión no está en el hecho de votar o no, si no en el valor real de ese voto. Digamos que preguntamos a un niño con la suficiente inteligencia para razonar cosas simples. Si a este le preguntásemos lo que cree que debería valer cada voto, él sin duda diría que todos lo mismo.
Esta lógica aplastante, que incluso un niño pequeño podría deducir, no es así en nuestra exagerada e innecesariamente complicada democracia. Cuando una persona va a votar en Euskadi, por ejemplo, en Álava su voto vale entorno a seis veces más que el voto de un sevillano o un madrileño. Esto está frágilmente justificado en los nacionalismos de cada territorio, dado que, si no fuera por este injusto recuento estos grupos políticos no recibirían ningún tipo de representación.
El proceso anteriormente descrito suele terminar produciendo extraños “Expedientes x” como, por ejemplo, el hecho de que UPyD reciba 1.100.000 y 5 diputados y CIU 900.000 y 16 diputados. Viendo estos números hasta un mandril que se limpia el trasero con la piel de una banana frunciría el ceño y rascaría la cabeza intentando encontrar la estúpida lógica de este método.
En fin… después de leer esto estaréis riéndoos, por no llorar, dado que es la única reacción que nos debería transmitir esta nefasta organización. En una sociedad en la que se cuida (de forma hipócrita) hasta el último detalle con tal de hacer creer que existe igualdad, será imposible que la alcancemos de verdad hasta que la voz de todos nosotros suene con el mismo tono y que ninguna sobresalga sobre las demás.

Artículo escrito por: Iñigo de Lorenzo

La peseta, ¿salida a la crisis?

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Aunque el año pasado en algunas localidades, como la gallega Mugardos, decidieron “volver” temporalmente a la peseta como medida anticrisis para estimular la compra en los comercios de la localidad, este artículo pretende centrarse en la vuelta a la peseta como hipotética solución a la crisis a nivel nacional más que local, parcial y a pequeña escala (algo que ha ocurrido en esos casos puntuales y ha tenido cierto éxito donde se ha probado). Me refiero al abandono por parte de España de la zona euro, como se ha escuchado mucho sobre Grecia. Sin embargo, en esta vuelta de todo el país a la antigua moneda hay unos cuantos impedimentos legales e inconvenientes.
En primer lugar, no se podría abandonar la zona euro. Según los juristas más especializados hay una única vía de escape y es el artículo 50 del Tratado de la Unión por el cual habría que abandonar de forma simultánea la UE. Por otro lado, según el tratado no se puede expulsar a ningún socio de la zona euro. Por contra, hay evidencias históricas que dicen que cualquier tratado monetario puede romperse en momentos de gran crisis económica y política.
Hay ciertos analistas que defienden la salida del euro afirmando que habría más ventajas que inconvenientes. Por ejemplo, la consultora Capital Economics sostiene que para países como España, Portugal, Italia, Irlanda o Grecia sería mejor recuperar el control sobre la política monetaria, de esta forma podrían devaluar el valor de la moneda, imprimir más billetes desde su propio banco y comprar con él la deuda pública. El perjudicado sería el sector interior con precios muy altos, pero suponen que se compensaría con el aumento de las exportaciones y la llegada de turistas en vista de los buenos precios para ellos.
En el lado opuesto, Barry Eichengreen, un economista americano que es el que más ha estudiado el tema, asegura que salir de la zona euro tiene, sin duda, más inconvenientes que ventajas. En cuanto apareciese de nuevo la peseta (o la antigua moneda, dependiendo del país) su valor caería entre un 40 y un 60% frente al euro, lo que haría al Producto Interior Bruto descender en picado y que aumentase el turismo.
Por otro lado, esto produciría que todos los particulares y empresarios que tuviesen fondos en los bancos se apurasen a sacarlos a toda costa antes de que fuesen reconvertidos en pesetas para conservar su valor en euros, hecho que podemos contrastar viendo que en los bancos griegos en los últimos años los depósitos han caído hasta un 20% y que provocaría un miedo generalizado con todo el mundo queriendo no ver devaluados sus ahorros, además de conservar el valor de sus euros para las deudas que aún siguiesen siendo pagadas con dicha moneda.
La única forma de hacer esto sería producirlo de forma sorpresa lo cual es imposible según el economista Eichengreen, dado que las negociaciones con el resto de la unión monetaria llevarían su tiempo.
Tendría que ser un cambio de la noche a la mañana, a una nueva moneda con valor equivalente al euro para poder seguir utilizando los billetes de euro que serían marcados por los bancos y oficinas oficiales. Además de que habría que simular un “corralito” como el que ocurrió en Argentina en 2001 prohibiendo retirar cantidades mayores de una marcada de los bancos.
¿El problema? Esta nueva moneda se depreciaría de igual forma que la peseta en cuanto cotizase en el exterior, además de la injusticia que supondría todos estos impedimentos de sacar dinero y la caída en picado de la economía porque desaparecería la libertad para gastarlo.

Artículo escrito por: Alejandro Sánchez